En medio de una crisis económica, una cineasta frustrada filma a su tío Michel, veterinario rural jubilado, líder de la Cofradía Mundial de los Caballeros de la Omelette Gigante. Junto a un grupo de amigos, vuelve al pueblo familiar para registrar a este excéntrico fanático de la cultura francesa y la fiesta que organiza su cofradía: una omelette de 25.000 huevos en plena pampa. Una comitiva de franceses arriba al festejo, entre ellos “El Titi”, sobrino favorito de Michel. Mientras se acerca el día de la fiesta, una tormenta amenaza con suspender el evento.
En Pigüé, algunos piensan que la Omelette Gigante opaca la celebración de los 140 años de la fundación del pueblo. Se inaugura una placa en honor a un fundador olvidado y el origen del pueblo se pone en cuestión. El equipo entrevista a referentes locales, pero algo pasa desapercibido: Pigüé significa “lugar de encuentro”, pero, ¿en qué lengua? Entrevistan a Francisco, peón del campo eólico de Michel, que conoce muchas palabras en mapuche pero no sabe en qué idioma está hablando. En busca de rastros indígenas, llegan a un coleccionista y encuentran en su museo una referencia a una cueva con pinturas rupestres: la Gruta de los Espíritus. Pese a la lluvia, la cofradía prepara el evento y la omelette es un éxito. El equipo se infiltra en un campo en busca de la cueva. La encuentran: las pinturas rupestres están, pero cubiertas de grafitis. La directora se pregunta: ¿Es posible reivindicar una identidad sin sacrificar otra? ¿O es tan ilusorio como intentar hacer una omelette sin romper los huevos?
En Francia, la directora, Michel y El Titi agregan sus nombres al árbol genealógico familiar. En la postproducción de la película, la directora encuentra un mate de su madre: de un lado conmemora, en francés, la Omelette Gigante; del otro, reproduce una pintura de la Gruta de los Espíritus.