A sus 96 años, Aurora vive ciega y sola en un asilo en Vancouver. En mi familia, siempre se le apodó como «la tía loca». Por azares del destino, terminé mudándome a la misma ciudad que ella, y al conocerla fue cuando empecé a cuestionar que mi tía en realidad no estaba loca, es una mujer libre.
Vancouver nos permitió conocernos lejos de Guadalajara, nuestra ciudad de origen, y ahí inició la idea de hacer una película juntas en donde le quiero regalar la posibilidad de ser recordada como ella quiera.