Un grupo de personas que no se conocen entre sí acepta participar de una experiencia sin instrucciones previas. Entre ellos, el actor Marcelo Subiotto se integra como un ciudadano más. Juntos conforman un jurado paralelo convocado para deliberar un caso real: un joven diagnosticado con esquizofrenia acusado de asesinar a su padrastro en un acto que él describe como un intento desesperado por proteger a su madre.
El jurado oficial que juzga el caso existe, delibera en simultáneo y bajo las mismas condiciones, pero nunca aparece en la película. Filmarlo es ilegal. Su ausencia se vuelve el punto de partida del dispositivo cinematográfico. El film asiste al juicio real, su estructura, su aislamiento y su exposición a las mismas pruebas, testimonios y peritajes, desplazando el juicio hacia un espacio donde el cine puede observar aquello que la justicia debe mantener invisible.
A medida que avanzan las deliberaciones, el jurado paralelo enfrenta la imposibilidad de acceder a una verdad total. El caso se fragmenta en relatos incompletos, interpretaciones subjetivas y tensiones morales. Las discusiones revelan cómo la enfermedad mental, la violencia doméstica y la noción de legítima defensa se entrelazan con las experiencias personales, los miedos y los prejuicios de quienes deben decidir.
La presencia de Subiotto introduce una fisura silenciosa dentro del grupo. Su condición de actor contamina la percepción de lo real y expone que todo proceso colectivo contiene un grado inevitable de representación. La película asume ese deslizamiento y lo convierte en su materia narrativa, observando cómo las personas interpretan, performan y negocian sus propias ideas de justicia.
Cuando ambos jurados —el institucional y el paralelo— alcanzan veredictos diferentes, el experimento revela la fragilidad de cualquier certeza judicial. Sin mostrar nunca al jurado oficial, la película hace visible su contracara, permitiendo que el espectador observe cómo una misma verdad puede producir decisiones opuestas.
Entre documental y ficción, la obra propone que la justicia no es un territorio estable sino una construcción social atravesada por el azar, la subjetividad y el contexto. El film abre así una pregunta que permanece sin respuesta: cuántas justicias existen y cuántas pueden llegar a existir cuando una comunidad decide el destino de otro.